Quizás es demasiado devastador. Pero eso no quiere decir que no haya sido anunciado.
Se veía venir, me lo dije, lo dije, fui cruel al expresarlo. Pero ya no importa. Ellos ya no importan. Ni siquiera la sustitución.
¿Por qué he de volcar mi vida en esto? ¿Por que querer mantener a mi lado lo que se aleja sin lamentarse? ¿Acaso importa si te consideran un problema?
Eso fue cruel. Más de lo que yo he sido nunca. ¿Te felicito?
Y todo sigue en picado... No me llama, ni ella ni él. Y recuerdo como sangraba, como mancho mis manos y sus ojos suplicantes.
Pero ya no se recurre a las pastillas, ya no Sweet. Serás una chica buena. O viva. Nunca has sido buena.
Echo de menos el filo, también la libertad de no estar dentro de tu cuerpo, de estar un par de metros (incluso kilómetros) más arriba, viéndolo hacer cosas sin sentido. Sonriendo, cerrando los ojos, sintiendo la música. Pastillas, pastillas, ácido y alcohol. Y música, siempre había música.
¿Que se siente en la soledad más absoluta? ¿Que puede pasar por la cabeza de Sweet para desearla con tantas fuerzas, para provocarla sin disimulo? Y sin embargo, hace llorar a la pequeña cuando hay un atisbo o una pequeña dosis.
Querré creer que esta es mi dosis diaria, aconsejada por mi psiquiatra interna. Suficiente para doler cada día, pero eso buscaba, ¿no? Sigo decantandome por el físico, es soportable, a veces incluso placentero. Pero Sweet va a ser buena. Y viva. Y sin marcas, por eso no recurrirá a ese tipo de dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario